Vacuii's Scrapbook

www.alejandravacuii.com
Vale, estoy flipando. Sam Weber es un ilustrador alucinante, lo sé. Pero es que esto además me toca la fibra sensible. El señor de las moscas fue una de las lecturas más conmovedoras en la que jamás me sumergí, así que cada vez que veo algo relacionado con la historia de Piggy y compañía parece que revivo experiencias de una infancia pasada en cierta isla remota y olvidada. Por lo que estas ilustraciones que hizo el mentado artista para una edición ilustrada del libro me obnubilan ya no sólo por su calidad artistica sino también por la historia que cuentan. Y atención con el resto de material publicado que tienen en la web de The Folio Society que es bastante fetén. A la mierda el libro electrónico, hombre ya.
Esta ha sido mi recomendación del día, amigos.

Vale, estoy flipando. Sam Weber es un ilustrador alucinante, lo sé. Pero es que esto además me toca la fibra sensible. El señor de las moscas fue una de las lecturas más conmovedoras en la que jamás me sumergí, así que cada vez que veo algo relacionado con la historia de Piggy y compañía parece que revivo experiencias de una infancia pasada en cierta isla remota y olvidada. Por lo que estas ilustraciones que hizo el mentado artista para una edición ilustrada del libro me obnubilan ya no sólo por su calidad artistica sino también por la historia que cuentan. Y atención con el resto de material publicado que tienen en la web de The Folio Society que es bastante fetén. A la mierda el libro electrónico, hombre ya.

Esta ha sido mi recomendación del día, amigos.

He vuelto a mi hogar. Pese a todo pronóstico, he sobrevivido a un verano de trabajo duro, alejada de internet, la fotografía, la música y un sinfín de cosas más que me hacen feliz. Sin embargo a una cosa no renuncié durante mi particular temporada en el infierno: a Six Feet Under. Todavía voy en la cuarta temporada (me queda una más para terminar) y ya se ha convertido en la serie que más se me ha metido en el cerebro de cuantas he visto, y miren que tiendo a obsesionarme con facilidad. Pero en Six Feet Under ocurren cosas tan reales, con las que me siento tan identificada, que es imposible quedar impasible.
Y a todo esto, Gregory Crewdson, del cual ya les hablé por aquí, hizo una espectacular imagen promocional para la tercera temporada, así que figurense mi alegría al ver dos cosas que me gustan tanto juntas en una imagen.

He vuelto a mi hogar. Pese a todo pronóstico, he sobrevivido a un verano de trabajo duro, alejada de internet, la fotografía, la música y un sinfín de cosas más que me hacen feliz. Sin embargo a una cosa no renuncié durante mi particular temporada en el infierno: a Six Feet Under. Todavía voy en la cuarta temporada (me queda una más para terminar) y ya se ha convertido en la serie que más se me ha metido en el cerebro de cuantas he visto, y miren que tiendo a obsesionarme con facilidad. Pero en Six Feet Under ocurren cosas tan reales, con las que me siento tan identificada, que es imposible quedar impasible.

Y a todo esto, Gregory Crewdson, del cual ya les hablé por aquí, hizo una espectacular imagen promocional para la tercera temporada, así que figurense mi alegría al ver dos cosas que me gustan tanto juntas en una imagen.

Atrapada me hallo en las redes del trabajo temporal veraniego. No tengo tiempo de mantener esto con la vida que precisa, así que espérenme hasta después del verano, momento en el que retomaré con fuerza mi vida en tumblr. Os dejo con una fotografía de (como no) Tim Walker, que ilustra mi situación actual, aunque deben cambiar el maravilloso vestuario de la imagen por ropa de cocinera. Me muero de ganas de arreglarme y ponerme guapa.
Qué tengan un buen verano, amigos.

Atrapada me hallo en las redes del trabajo temporal veraniego. No tengo tiempo de mantener esto con la vida que precisa, así que espérenme hasta después del verano, momento en el que retomaré con fuerza mi vida en tumblr. Os dejo con una fotografía de (como no) Tim Walker, que ilustra mi situación actual, aunque deben cambiar el maravilloso vestuario de la imagen por ropa de cocinera. Me muero de ganas de arreglarme y ponerme guapa.

Qué tengan un buen verano, amigos.

Si ayer os hablaba de Serge Lutens, hoy lo hago de Patricio Di Renzo, quien se basó en el maestro francés para crear estas fotografías para la firma de joyas Majo Fuithof. La inspiración es más que evidente, pero Patrizio también es un fotógrafo muy capaz repleto de buenas y originales ideas.

Si ayer os hablaba de Serge Lutens, hoy lo hago de Patricio Di Renzo, quien se basó en el maestro francés para crear estas fotografías para la firma de joyas Majo Fuithof. La inspiración es más que evidente, pero Patrizio también es un fotógrafo muy capaz repleto de buenas y originales ideas.

Serge Lutens no sólo es fotógrafo. Es un reconocidísimo perfumista, maquillador, peluquero, estilista, director de arte, de cine y diseñador de moda. Desde muy joven comenzó a trabajar con Vogue y Dior, terminando por encontrar su sitio en Shiseido, marca para la cual creó en los años 80 maquillajes, perfumes y una espectacular imagen de marca. Tan sólo basta con ver una de sus fotografías para darnos cuenta de que estamos ante un visonario, un genio capaz de crear las más sublimes imágenes como si fuesen collages dadaístas o cubistas y cuidando hasta el más mínimo detalle de cada elemento que las componen. Un soberbio trabajo estético construído con elegancia, perfección, geometría y un sentido artístico delicado y exquisito.

Serge Lutens no sólo es fotógrafo. Es un reconocidísimo perfumista, maquillador, peluquero, estilista, director de arte, de cine y diseñador de moda. Desde muy joven comenzó a trabajar con Vogue y Dior, terminando por encontrar su sitio en Shiseido, marca para la cual creó en los años 80 maquillajes, perfumes y una espectacular imagen de marca. Tan sólo basta con ver una de sus fotografías para darnos cuenta de que estamos ante un visonario, un genio capaz de crear las más sublimes imágenes como si fuesen collages dadaístas o cubistas y cuidando hasta el más mínimo detalle de cada elemento que las componen. Un soberbio trabajo estético construído con elegancia, perfección, geometría y un sentido artístico delicado y exquisito.

dozemagazine:

Quién está detrás de estos vídeos?

Desde hace meses circulan por la red varios vídeos de esta artista de la que, hasta el momento, se desconoce quién es. Hay muchos rumores al respecto pero lo único que sabemos hasta ahora es que nos ofrece maravillas como esta…

El 24 y 23 de diciembre de 1939 me hubiese gustado estar en Nueva York, concretamente en el Carnegie Hall, y haber podido disfrutar del programa musical de “From Spiritual to Swing”. Lástima que por aquel entonces no habían nacido ni tan siquiera mis padres.

El 24 y 23 de diciembre de 1939 me hubiese gustado estar en Nueva York, concretamente en el Carnegie Hall, y haber podido disfrutar del programa musical de “From Spiritual to Swing”. Lástima que por aquel entonces no habían nacido ni tan siquiera mis padres.

El trabajo de Gregory Crewdson es casi el de un director de cine: crea “peliculas” de un sólo fotograma repletas de tensión narrativa y fuerza visual. Sus historias tratan sobre el impacto de lo misterioso y e inexplicable en la sociedad americana no de las grandes ciudades, sino de los pueblos y suburbios residenciales. Lugares que hemos visto miles de veces en el cine norteamericano esta vez se nos muestran, con una objetividad que asusta, inquietantes hasta decir basta, como si algo terrible estuviese a punto de suceder. Y lo terrible puede venir tanto de nosotros mismos como del cielo…

El trabajo de Gregory Crewdson es casi el de un director de cine: crea “peliculas” de un sólo fotograma repletas de tensión narrativa y fuerza visual. Sus historias tratan sobre el impacto de lo misterioso y e inexplicable en la sociedad americana no de las grandes ciudades, sino de los pueblos y suburbios residenciales. Lugares que hemos visto miles de veces en el cine norteamericano esta vez se nos muestran, con una objetividad que asusta, inquietantes hasta decir basta, como si algo terrible estuviese a punto de suceder. Y lo terrible puede venir tanto de nosotros mismos como del cielo…

La marquesa Casati teñía su pelo de color rojo fuego y aplicaba a sus ojos gotas de belladona para dilatar sus pupilas. Acudía a fiestas y reuniones en compañía de su esclavo tunecino, al que hizo pintar por completo su cuerpo de dorado como si se tratase de un complemento más de su vestuario. Tenía como mascotas dos guepardos que solía sacar a pasear de noche por las calles de París y usaba como collares y pulseras pequeñas culebras que se enroscaban alrededor de su cuello y muñecas. Escogió el color negro como insignia en una época en la que las elegantes damas eduardianas vestían de impoluto blanco. Hizo que los más importantes artistas de su época la retratasen, llegando a tener en sus palacios estancias y estancias repletas de obras inspiradas en ella, palacios sobre cuyos suelos se retorcían serpientes para asombro de sus invitados. En una ocasión le preguntaron sobre el propósito de tanta excentricidad y exceso, a lo que respondió: “Quiero ser una obra de arte viviente”. Tras perder toda su fortuna en sus peculiares vicios, pasó sus últimos días en Londres, pobre y enloquecida, usando uno de sus otrora espléndidos vestidos de terciopelo negro como uniforme y buscando entre la basura plumas con las que adornar sus cabellos.
En la imagen, retratada en 1914 por el gran Giovanni Boldini.

La marquesa Casati teñía su pelo de color rojo fuego y aplicaba a sus ojos gotas de belladona para dilatar sus pupilas. Acudía a fiestas y reuniones en compañía de su esclavo tunecino, al que hizo pintar por completo su cuerpo de dorado como si se tratase de un complemento más de su vestuario. Tenía como mascotas dos guepardos que solía sacar a pasear de noche por las calles de París y usaba como collares y pulseras pequeñas culebras que se enroscaban alrededor de su cuello y muñecas. Escogió el color negro como insignia en una época en la que las elegantes damas eduardianas vestían de impoluto blanco. Hizo que los más importantes artistas de su época la retratasen, llegando a tener en sus palacios estancias y estancias repletas de obras inspiradas en ella, palacios sobre cuyos suelos se retorcían serpientes para asombro de sus invitados. En una ocasión le preguntaron sobre el propósito de tanta excentricidad y exceso, a lo que respondió: “Quiero ser una obra de arte viviente”. Tras perder toda su fortuna en sus peculiares vicios, pasó sus últimos días en Londres, pobre y enloquecida, usando uno de sus otrora espléndidos vestidos de terciopelo negro como uniforme y buscando entre la basura plumas con las que adornar sus cabellos.

En la imagen, retratada en 1914 por el gran Giovanni Boldini.

Baldovino  Barani me deja atónita por la calidad técnica de su  trabajo (¡vaya colores!) pero lo que realmente me llama la atención es  el buen gusto eligiendo temas, localizaciones, estilismos, modelos… y  como las dirige. Y aunque este gusto sea un tanto extraño y tétrico es  siempre acertadísimo. Esta editorial, llamada The Ritual y publicada en la Vogue París  es una buena muestra de ello.

Baldovino Barani me deja atónita por la calidad técnica de su trabajo (¡vaya colores!) pero lo que realmente me llama la atención es el buen gusto eligiendo temas, localizaciones, estilismos, modelos… y como las dirige. Y aunque este gusto sea un tanto extraño y tétrico es siempre acertadísimo. Esta editorial, llamada The Ritual y publicada en la Vogue París es una buena muestra de ello.

“El barón de Meyer era un alemán que se había establecido en Londres en compañía de su superelegante y espectacular esposa. Fue el continuador de la tradición del escocés Octavius Hill, un pintor mediocre que llegó a ser un notable fotógrafo. Pero las intenciones del barón eran muy distintas de las del escocés.  De Meyer quiso evitar la realidad excepto cuando ésta se conformaba con sus peculiares modos de expresión llenos de gracia y elegancia. Logró vencer las limitaciones mecánicas de la cámara con un pulso extraordinariamente seguro y ligero y creó retratos impresionantes de las damas de su tiempo que pusieron de manifiesto su innanta elegancia con una maestría y un espíritu lleno de encanto y variación. Representó el triunfo de la mente sobre la materia y la mecánica. Usando una lente de foco suave y de una particular sutileza, sacó a la superficie la delicadeza de los detalles atractivos, no dándose por enterado, por el contrario, de los defectos que resultaban inaceptables. Utilizando como modelos mujeres con tiaras y túnicas de lamé de plata consiguió impresiones de reflejos de la luz del sol en el agua o filtrándose en manchones a través de las ramas y las hojas de los árboles, dignas del pincel de Whistler. A ejemplo de muchos artistas, De Meyer transporta su fruición estética de un argumento y nunca se excedió en recargar las cosas, sin temerle a la posibilidad de sacar una fotografía casi vacía.” 
El espejo de la moda, escrito por Cecil Beaton, nuevo libro de cabecera.

“El barón de Meyer era un alemán que se había establecido en Londres en compañía de su superelegante y espectacular esposa. Fue el continuador de la tradición del escocés Octavius Hill, un pintor mediocre que llegó a ser un notable fotógrafo. Pero las intenciones del barón eran muy distintas de las del escocés.  De Meyer quiso evitar la realidad excepto cuando ésta se conformaba con sus peculiares modos de expresión llenos de gracia y elegancia. Logró vencer las limitaciones mecánicas de la cámara con un pulso extraordinariamente seguro y ligero y creó retratos impresionantes de las damas de su tiempo que pusieron de manifiesto su innanta elegancia con una maestría y un espíritu lleno de encanto y variación. Representó el triunfo de la mente sobre la materia y la mecánica. Usando una lente de foco suave y de una particular sutileza, sacó a la superficie la delicadeza de los detalles atractivos, no dándose por enterado, por el contrario, de los defectos que resultaban inaceptables. Utilizando como modelos mujeres con tiaras y túnicas de lamé de plata consiguió impresiones de reflejos de la luz del sol en el agua o filtrándose en manchones a través de las ramas y las hojas de los árboles, dignas del pincel de Whistler. A ejemplo de muchos artistas, De Meyer transporta su fruición estética de un argumento y nunca se excedió en recargar las cosas, sin temerle a la posibilidad de sacar una fotografía casi vacía.”

El espejo de la moda, escrito por Cecil Beaton, nuevo libro de cabecera.

Este señor tan elegante es Maurice Ravel, autor del famoso Bolero, una de las composiciones musicales más enigmáticas jamás creadas. A finales de los 70 en Italia se hizo una película de animación llamada Allegro Non Troppo concebida como una parodia de Fantasía de Disney. Lo cierto es que siendo una niña debí de verla porque la escena sobre la evolución sonando el bolero de fondo se me quedó muy metidita en el cráneo. Disfrútenla.
Parte 1
Parte 2

Este señor tan elegante es Maurice Ravel, autor del famoso Bolero, una de las composiciones musicales más enigmáticas jamás creadas. A finales de los 70 en Italia se hizo una película de animación llamada Allegro Non Troppo concebida como una parodia de Fantasía de Disney. Lo cierto es que siendo una niña debí de verla porque la escena sobre la evolución sonando el bolero de fondo se me quedó muy metidita en el cráneo. Disfrútenla.

Parte 1

Parte 2

Mi París preferido (el de principios de siglo XX) por uno de mis  fotógrafos preferidos, Brassaï.  ¿Puede uno sentir nostalgia por tiempos que no ha vivido?
myblueberrynight:

Brassai, Les Escaliers de Montmartre, Paris 1936            

Mi París preferido (el de principios de siglo XX) por uno de mis fotógrafos preferidos, Brassaï. ¿Puede uno sentir nostalgia por tiempos que no ha vivido?

myblueberrynight:

Brassai, Les Escaliers de Montmartre, Paris 1936            

Cómo me ha gustado la serie Venice del fotógrafo Chris Anthony. Y es que tiene dos elementos que hacen que siempre me quede absorta y fascinada con una foto que son el mar inmenso, inconmensurable, grandioso, y la figura humana solitaria, minúscula, a merced de las fuerzas naturales. Algún día, con la ayuda de un psicoanalista, descubriré a qué se debe esta fascinación, mientras tanto sigo soñando despierta con estas imágenes surrealistas.

Cómo me ha gustado la serie Venice del fotógrafo Chris Anthony. Y es que tiene dos elementos que hacen que siempre me quede absorta y fascinada con una foto que son el mar inmenso, inconmensurable, grandioso, y la figura humana solitaria, minúscula, a merced de las fuerzas naturales. Algún día, con la ayuda de un psicoanalista, descubriré a qué se debe esta fascinación, mientras tanto sigo soñando despierta con estas imágenes surrealistas.