“El barón de Meyer era un alemán que se había establecido en Londres en compañía de su superelegante y espectacular esposa. Fue el continuador de la tradición del escocés Octavius Hill, un pintor mediocre que llegó a ser un notable fotógrafo. Pero las intenciones del barón eran muy distintas de las del escocés. De Meyer quiso evitar la realidad excepto cuando ésta se conformaba con sus peculiares modos de expresión llenos de gracia y elegancia. Logró vencer las limitaciones mecánicas de la cámara con un pulso extraordinariamente seguro y ligero y creó retratos impresionantes de las damas de su tiempo que pusieron de manifiesto su innanta elegancia con una maestría y un espíritu lleno de encanto y variación. Representó el triunfo de la mente sobre la materia y la mecánica. Usando una lente de foco suave y de una particular sutileza, sacó a la superficie la delicadeza de los detalles atractivos, no dándose por enterado, por el contrario, de los defectos que resultaban inaceptables. Utilizando como modelos mujeres con tiaras y túnicas de lamé de plata consiguió impresiones de reflejos de la luz del sol en el agua o filtrándose en manchones a través de las ramas y las hojas de los árboles, dignas del pincel de Whistler. A ejemplo de muchos artistas, De Meyer transporta su fruición estética de un argumento y nunca se excedió en recargar las cosas, sin temerle a la posibilidad de sacar una fotografía casi vacía.”
El espejo de la moda, escrito por Cecil Beaton, nuevo libro de cabecera.
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